Reflexión

"Hay que aprender a analizar el contexto, entender la lógica de los procesos y permitirse el pensamiento abstracto para buscar oportunidades de mejora."

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viernes, 13 de febrero de 2026

La calidad también se entrena: lo que un gimnasio debería entender sobre sus clientes antes de perderlos

 

La calidad no es un lujo ni una etiqueta reservada para ciertos sectores; es la forma en que cualquier servicio demuestra si realmente entiende a quienes lo utilizan. Y en un gimnasio, esa comprensión debería ser aún más evidente.

Hoy, más que nunca, los usuarios ya no buscan solo equipos modernos o instalaciones limpias. Buscan bienestar, confianza y una experiencia coherente con lo que se promete. Y cuando esa coherencia se rompe, la pérdida de valor comienza silenciosamente a decaer, incluso en organizaciones que creen estar haciendo las cosas bien.

Como usuario habitual en mi ciudad y profesional vinculado durante años a los conceptos de calidad, inevitablemente observo estos espacios bajo ese prisma. Es parte de mi ADN: analizar la propuesta de valor, contrastar lo que se ofrece con lo que realmente recibe el cliente y preguntarme si el servicio evoluciona o simplemente repite rutinas internas.

La calidad en un gimnasio empieza por entender al cliente

Un gimnasio puede tener las mejores máquinas, una agenda llena de clases y mensajes en sus pantallas, pero si no comprende qué quiere realmente el cliente, todo lo demás se convierte en apariencia.

La calidad en servicios parte de una pregunta esencial: ¿qué necesita hoy el usuario y cómo está cambiando esa necesidad?

En muchos casos, el cliente ya no busca únicamente rendimiento físico. Busca acompañamiento, seguridad, pertenencia y una comunidad que lo motive a volver. Sin embargo, cuando las organizaciones crecen rápidamente, suelen perder contacto con esa voz del cliente y comienzan a operar desde supuestos internos. El resultado es predecible: procesos eficientes hacia adentro, pero desconectados hacia afuera.

Cuando el “low cost” se convierte en excusa

En más de una conversación con responsables del gimnasio, la respuesta ha sido clara: el modelo es “low cost”. Se apoyan en un aplicativo digital y en el saludo del personal en la entrada como evidencia de orientación al cliente. Pero el problema no está en el modelo de negocio; está en cómo se interpreta.

Ser eficiente en costos no debería significar perder conexión humana. Un saludo automático no reemplaza el interés genuino, y una aplicación no sustituye la escucha activa. Cuando pocos colaboradores hacen contacto real con el usuario, el servicio comienza a sentirse distante, aunque las operaciones funcionen correctamente.

El riesgo es evidente: creer que la tecnología o el modelo operativo compensan la ausencia de interacción significativa.

Limpieza no es sinónimo de calidad

En el gimnasio que frecuento existe un énfasis visible en la limpieza y el orden. Eso es positivo y necesario. Nadie cuestiona que un entorno cuidado es parte fundamental del servicio. Pero reducir la calidad a lo que se puede ver es una simplificación peligrosa.

La calidad también está en:

·       cómo el personal se interesa por el progreso del usuario;

·       cómo se reciben las sugerencias;

·       cómo se gestiona la experiencia diaria más allá de la operación básica.

Cuando el cliente siente que nadie escucha, el servicio deja de evolucionar, aunque las instalaciones brillen.

Y aquí aparece una verdad incómoda: muchas organizaciones creen que están orientadas al cliente porque lo dicen en sus mensajes institucionales, pero en la práctica siguen operando desde metodologías internas que ahogan la voz real del usuario.

Cumplir la ley es solo el inicio

Desde el punto de vista regulatorio, los gimnasios tienen responsabilidades claras relacionadas con seguridad, salud y prevención de riesgos. Dependiendo del contexto local, intervienen autoridades municipales, sanitarias y de control que establecen condiciones mínimas para proteger a los usuarios.

Esto incluye aspectos críticos como:

·       condiciones seguras de operación;

·       protocolos ante accidentes;

·       mantenimiento básico de equipos;

·       infraestructura adecuada.

Pero conviene decirlo sin rodeos: cumplir con lo legal no equivale a ofrecer calidad.Es únicamente el piso mínimo sobre el cual debería construirse un servicio verdaderamente diferenciado.

La evaluación de la conformidad que nadie mide: la del usuario

Existe una forma de evaluación permanente que no aparece en auditorías formales ni en reportes internos: la evaluación diaria que realiza el cliente.

Cada entrenamiento es una decisión de continuidad. Cada interacción con el personal es una medición silenciosa del valor entregado.

El usuario evalúa cuando se pregunta:

·       ¿Me escuchan?

·       ¿Se interesan por mi proceso?

·       ¿Hay coherencia entre lo que prometen y lo que hacen?

·       ¿Siento que pertenezco a una comunidad o solo pago una membresía?

Esta evaluación voluntaria es, en esencia, una forma real de evaluación de la conformidad. Si el cliente percibe que el servicio no mejora, la calidad percibida comienza a descender, aunque los indicadores internos digan lo contrario.

Crecer no es lo mismo que mejorar

Uno de los riesgos más comunes en servicios que logran posicionarse es confundir crecimiento con calidad. Más usuarios, más equipos o más presencia en redes sociales pueden crear la ilusión de éxito sostenido.

Sin embargo, cuando la organización deja de cuestionarse y empieza a repetir que “todo está bien”, se vuelve vulnerable.

He visto empresas perder el norte precisamente en ese punto: cuando el discurso de mejora continua se convierte en una frase más dentro de la burocracia interna, mientras los clientes comienzan a sentir que el servicio dejó de evolucionar.

La calidad no se sostiene por inercia. Se sostiene cuando la organización tiene la humildad suficiente para escuchar incluso aquello que incomoda.

Equipos, mantenimiento y responsabilidad con el usuario

El mantenimiento de equipos no es solo una tarea técnica; es un compromiso directo con la seguridad y la confianza del cliente. Máquinas fuera de servicio, fallas repetitivas o señales de desgaste envían un mensaje claro: la experiencia del usuario dejó de ser prioridad. Y en un entorno donde el bienestar y la prevención de lesiones son centrales, este aspecto debería formar parte de una mirada estratégica y no solo operativa.

Comunidad: la oportunidad que muchos gimnasios están perdiendo

Un gimnasio puede convertirse en una comunidad poderosa. Un espacio donde las personas se sientan reconocidas, acompañadas y motivadas. Pero la comunidad no se construye con slogans ni con pantallas que repiten mensajes. Se construye cuando:

·       el personal escucha activamente;

·       los empleados también tienen voz dentro de la organización;

·       se reconoce que la experiencia humana es tan importante como la eficiencia operativa.

Cuando la voz del cliente y del equipo queda enterrada bajo metodologías internas rígidas, la calidad deja de ser vivida y se transforma en discurso.


Mirarse con honestidad antes de perder ventaja estratégica

Hoy muchos gimnasios hablan de mejora continua y muestran iniciativas en sus plataformas digitales. Sin embargo, la verdadera mejora comienza cuando la organización se atreve a cuestionar si realmente está cumpliendo con lo que el cliente espera.

Esto exige algo más profundo que encuestas ocasionales: exige una mirada estratégica capaz de revisar la propuesta de valor y reconocer dónde existen brechas entre intención y realidad.

Tal vez no se trate de aplicar herramientas complejas, sino de construir una reflexión estructurada que permita entender qué tan alineado está el servicio con quienes lo utilizan día a día.

Una exhortación necesaria

La calidad no es un estado permanente; es un proceso vivo que exige escucha constante.

Decir “estamos bien” puede ser el primer paso hacia la pérdida de relevancia cuando el entorno cambia y las expectativas evolucionan. Los gimnasios que comprendan esto tendrán una ventaja estratégica clara: podrán adaptarse antes que los demás.

Escuchar de verdad a los usuarios, escuchar también a los empleados, que muchas veces quedan atrapados entre burocracias y metodologías internas desconectadas de la realidad, porque al final, la calidad no se mide por lo que la organización dice de sí misma, sino por la experiencia que las personas viven cada día dentro del servicio.

Y la calidad, como el entrenamiento, nunca debería darse por terminada.

César Díaz

Consultor en Calidad, Estrategia e Innovación

miércoles, 11 de febrero de 2026

Del Gemba a Six Sigma: la evolución natural de la mejora dentro de la Casa de la Calidad

En el entorno empresarial actual, muchas organizaciones buscan implementar Six Sigma como punto de partida para transformar sus procesos. Sin embargo, la experiencia demuestra que la mejora sostenible rara vez se construye desde la complejidad hacia lo básico; más bien sigue una evolución natural que inicia en el Gemba, se fortalece con Kaizen y el ciclo PHVA promovido por Hitoshi Kume, y madura con enfoques avanzados como DMAIC.

Estos tres conceptos : Gemba, Kaizen y Six Sigma,  no representan metodologías aisladas, sino niveles complementarios dentro de una misma arquitectura estratégica de la calidad. Entender su relación permite evitar esfuerzos sobredimensionados y construir capacidades organizacionales con sentido de largo plazo.

Gemba: el punto de partida real de la mejora

El Gemba, el lugar donde ocurre el trabajo,  constituye la base de cualquier sistema sólido de gestión. Antes de hablar de modelos estadísticos o herramientas avanzadas, la organización necesita observar su realidad operativa.

En este nivel se resuelven problemas que están literalmente “a nivel de piso”:

  • Desviaciones visibles en métodos y flujos.
  • Prácticas operativas alejadas del estándar.
  • Ineficiencias que permanecen ocultas por la rutina.

La observación directa no es una técnica menor; es una disciplina estratégica que conecta liderazgo con realidad operativa. Muchas empresas descubren que, al fortalecer la presencia en Gemba, logran mejoras inmediatas sin necesidad de complejas estructuras metodológicas.

Kaizen y PHVA: la columna vertebral de la mejora continua

Cuando los problemas superan lo evidente y requieren estructuración, emerge el enfoque Kaizen apoyado en el ciclo PHVA y las herramientas básicas de calidad difundidas por Hitoshi Kume.

Aquí se consolida el aprendizaje organizacional:

·       El análisis de Pareto orienta prioridades.

·       El trabajo en equipo transforma datos en conocimiento colectivo.

·       La estandarización crea estabilidad para seguir mejorando.

Este nivel representa el corazón operativo de la Casa de la Calidad. No busca see sofisticado por sí mismo, sino generar una cultura donde la mejora sea comprensible y sostenible. El principio 80/20 cobra sentido estratégico: gran parte de los problemas organizacionales puede abordarse mediante análisis estructurados pero accesibles.

Kaizen no sustituye a la innovación; la prepara. Al reducir desperdicios y ordenar procesos, crea la base sobre la cual pueden surgir mejoras más profundas.

Six Sigma: cuando la mejora requiere profundidad analítica

A medida que la organización madura, algunos problemas permanecen a pesar de la observación en Gemba y del trabajo sistemático con PHVA. Es allí donde Six Sigma aporta su mayor valor.

Su enfoque DMAIC permite abordar situaciones donde:

  • La variabilidad es compleja.
  • Existen múltiples factores interactuando.
  • Se requieren saltos de desempeño medibles.

En la práctica, muchas empresas descubren algo revelador durante la fase “Definir”: al clarificar objetivos y procesos, emergen mejoras rápidas que estaban al alcance desde etapas anteriores. Estas ganancias tempranas validan el enfoque, pero también plantean un desafío estratégico: después de los resultados iniciales, el esfuerzo requerido aumenta y la disciplina organizacional se vuelve determinante para continuar avanzando.

Six Sigma, por tanto, no compite con Kaizen ni con PHVA; los amplifica cuando la organización está lista para ir más allá de la mejora incremental.

El árbol de la mejora dentro de la Casa de la Calidad

Si se observa desde una perspectiva sistémica, la evolución de la resolución de problemas puede representarse como un árbol:

·       Raíces  - Gemba: observación directa y soluciones inmediatas.

·       Tronco - Kaizen y PHVA/Kume: mejora operativa y cultura organizacional.

·       Copa - Six Sigma: innovación, reducción avanzada de variabilidad y saltos estratégicos de desempeño.

Todo el árbol se sostiene en la Casa de la Calidad: estandarización, disciplina visual y gestión basada en hechos. Sin estos fundamentos, cualquier metodología avanzada pierde eficacia.



Una mirada estratégica para organizaciones que buscan evolucionar

Hoy es frecuente que empresas deseen iniciar directamente con Six Sigma para acelerar resultados. La experiencia muestra que este enfoque funciona mejor cuando se integra dentro de una evolución natural que respeta las bases del Gemba y la filosofía Kaizen.

El verdadero reto no está en elegir entre metodologías, sino en comprender cómo cada una contribuye en el momento adecuado. Las organizaciones que logran este equilibrio no solo mejoran procesos; desarrollan una capacidad permanente de aprendizaje.

La calidad, entendida así, deja de ser una herramienta y se convierte en una arquitectura viva donde observar, mejorar e innovar forman parte de un mismo camino.


César Díaz

Consultor en Calidad, Estrategia e Innovación

martes, 10 de febrero de 2026

Suplementos alimenticios, calidad y confianza

Un entorno saturado de promesas

En el sector salud, y particularmente en el mercado de suplementos alimenticios, se observa una creciente proliferación de declaraciones asociadas a bienestar, fortalecimiento del sistema inmunológico, mejora del rendimiento físico y otros beneficios funcionales. Estas afirmaciones circulan ampliamente en medios, redes sociales y puntos de venta, llegando al consumidor con un alto poder persuasivo.

Para quienes trabajamos en Calidad y en la Infraestructura de la Calidad, este fenómeno trasciende el ámbito publicitario. Se trata de un desafío de gobernanza, donde la vigilancia de mercado debe asegurar que las promesas realizadas estén alineadas con criterios técnicos verificables y con la regulación vigente.

El problema surge cuando la comunicación comercial rompe el hilo técnico que debería sostener cada declaración, debilitando la confianza del sistema y exponiendo al consumidor a interpretaciones erróneas.

Calidad: entender qué se controla y qué se demuestra

Una de las principales fuentes de confusión en el mercado de suplementos alimenticios es la falta de claridad entre:

  • la autorización para comercializar un producto, y
  • la demostración técnica de las propiedades que se declaran.

La Evaluación de la Conformidad, definida en normas internacionales como el conjunto de actividades que demuestran el cumplimiento de requisitos especificados, existe precisamente para evitar esta confusión. Sin embargo, su correcta aplicación depende de entender el alcance de cada instrumento regulatorio.

La notificación sanitaria: requisito administrativo obligatorio

La notificación o registro sanitario, exigida por la autoridad competente, garantiza que el producto cumple con Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y que es inocuo desde el punto de vista sanitario. Este requisito es indispensable, pero su alcance es claro: habilita la comercialización, no certifica la eficacia ni valida los beneficios funcionales del producto.

Desde el punto de vista técnico, este control administrativo no sustituye procesos de evaluación independientes cuando se realizan declaraciones específicas en la etiqueta.

La certificación de producto y la evaluación independiente

Cuando un suplemento alimenticio declara propiedades funcionales o beneficios concretos, la única forma de transformar esa declaración en confianza es someterla a evaluación por un tercero independiente, bajo esquemas reconocidos internacionalmente.

Normas como la ISO/IEC 17065, que establece los requisitos para organismos que certifican productos, proporcionan el marco para evaluar objetivamente si una declaración puede ser respaldada por ensayos y criterios técnicos reproducibles. Sin este proceso, la afirmación sigue siendo una declaración unilateral del fabricante.

La etiqueta: un documento técnico, no un recurso publicitario

La etiqueta constituye el principal medio de información para el consumidor y el punto donde la calidad se vuelve tangible. En sistemas de gobernanza sólidos, la etiqueta no es un espacio libre de interpretación, sino un documento regulado que debe cumplir disposiciones claras sobre contenido, veracidad y trazabilidad de la información.

En el ámbito alimentario, regulaciones de etiquetado y normas técnicas, como la NTE INEN 1334 para rotulado de alimentos procesados, establecen criterios para asegurar que la información sea clara, verificable y no induzca a error.

En este contexto, resulta fundamental distinguir entre:

·       la lista de ingredientes,

·       las declaraciones nutricionales, y

·       las declaraciones de propiedades funcionales o de salud.

Permitir que una etiqueta con respaldo meramente administrativo sea interpretada como garantía de eficacia técnica genera una distorsión de confianza que debilita la protección al consumidor.

Ser calidad y no solo parecerlo

En mercados sensibles como el de suplementos alimenticios, parecer calidad es relativamente fácil. Basta con un lenguaje técnico ambiguo, referencias genéricas a normativas o diseños que sugieren respaldo científico.

Ser calidad, en cambio, exige decisiones más profundas:

·       definir con precisión qué se declara,

·       someter esas declaraciones a ensayos y evaluación independiente,

·       aceptar la verificación externa y la vigilancia de mercado,

·       y comunicar con transparencia los alcances reales del producto.

Aquí la calidad deja de ser un argumento comercial y se convierte en un compromiso técnico y ético. Las organizaciones que asumen este enfoque construyen confianza sostenible y diferencian legítimamente su propuesta de valor.



Integridad técnica frente a la presión del mercado

Mantener criterios técnicos sólidos requiere una actitud firme por parte de todos los actores del sistema: autoridades, empresas, organismos de evaluación de la conformidad y consultores.

La presión por acelerar tiempos de comercialización o capitalizar tendencias de consumo no puede justificar la dilución de requisitos técnicos ni el uso impreciso de conceptos normativos. La Infraestructura de la Calidad existe para evitar justamente ese deslizamiento hacia la subjetividad.

Conclusión: gobernanza técnica para proteger la confianza

El crecimiento del mercado de suplementos alimenticios hace indispensable fortalecer la gobernanza técnica, clarificando el rol de cada instrumento regulatorio y asegurando que las declaraciones realizadas estén respaldadas por evidencia verificable.

Fortalecer la vigilancia de mercado, integrar de forma efectiva a los organismos de evaluación de la conformidad y aplicar de manera coherente las normas de etiquetado y certificación no es una barrera al comercio: es una condición para la confianza pública.

En el sector salud, la calidad no puede basarse en percepciones, debe sustentarse en normas, evaluación independiente y comunicación responsable.

La calidad exige rigor, la actitud exige integridad. Solo así el mercado deja de premiar el “parecer saludable” y comienza a valorar el serlo realmente.