Reflexión

"Hay que aprender a analizar el contexto, entender la lógica de los procesos y permitirse el pensamiento abstracto para buscar oportunidades de mejora."

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martes, 24 de febrero de 2026

Evaluación de la Conformidad en Servicios de Salud: Caso Terapia Física

Hay momentos en los que la calidad deja de ser un concepto técnico y se convierte en una experiencia profundamente humana. Una sesión de terapia física después de una cirugía, una caída o una lesión deportiva nos recuerda que, tarde o temprano, todos somos usuarios de los servicios de salud. Y es precisamente en ese punto , cuando dejamos de ser observadores y nos convertimos en pacientes,  donde la calidad se pone realmente a prueba.

La ISO 9000:2015, Sistemas de gestión de la calidad — Fundamentos y vocabulario define la calidad como el “grado en el que un conjunto de características inherentes de un objeto cumple con los requisitos”. En los servicios de salud, ese “objeto” es el servicio prestado, y los requisitos no deberían limitarse a lo técnico o procedimental. Incluyen la recuperación funcional, la prevención de recaídas, la confianza, la empatía y la capacidad del sistema para comprender y tratar la causa raíz del problema que llevó al paciente a buscar atención.

Antes del servicio: expectativas, promesas y realidad

En los últimos años se ha consolidado un modelo de centros de rehabilitación vinculados a aseguradoras o esquemas de atención masiva. Desde una perspectiva operativa, estos centros suelen cumplir requisitos básicos: instalaciones adecuadas, equipamiento moderno y procesos eficientes.

Sin embargo, desde la lógica de la evaluación de la conformidad, definida en la ISO/IEC 17000:2020, Evaluación de la conformidad — Vocabulario y principios generales como la demostración de que se cumplen requisitos especificados, surge una pregunta clave: ¿cuáles son realmente los requisitos del paciente?

Aquí cobra especial relevancia la ISO 22956:2021, Informática de la salud — Calidad de la atención en rehabilitación, que centra su enfoque en la calidad del proceso rehabilitador y en la continuidad del cuidado. El requisito real no es únicamente asistir a sesiones programadas; es recuperar la funcionalidad integral, reducir riesgos futuros y lograr una mejora sostenible en la calidad de vida.

El problema: cuando la terapia se vuelve paliativa

La experiencia vivida muestra un patrón que se repite con frecuencia. El servicio se estructura alrededor de rutinas estandarizadas: uso intensivo de equipos, tiempos limitados de interacción y escasa profundización en el origen del problema. El paciente cumple con el protocolo, pero el análisis de causa raíz, postural, biomecánico o incluso conductual, queda relegado o simplemente no se realiza.

Desde la perspectiva de la ISO/IEC 17029:2019, Evaluación de la conformidad — Principios generales y requisitos para organismos que realizan validación y verificación, surge una reflexión necesaria. ¿Puede afirmarse que existe una rehabilitación de calidad si no se valida que el tratamiento aborda realmente las causas subyacentes? Cuando la atención se concentra únicamente en aliviar el síntoma, el resultado suele ser una mejora temporal, seguida de recaídas o nuevas lesiones.

Este enfoque paliativo no responde necesariamente a la falta de vocación de los profesionales, sino a modelos operativos que privilegian la eficiencia inmediata y el volumen de atención por encima de la recuperación integral del paciente.

Evaluación de la conformidad aplicada a los servicios de salud

Aplicar evaluación de la conformidad en los servicios de salud implica elevar el estándar y redefinir la manera en que se mide la calidad. No basta con verificar que el servicio existe; es necesario demostrar que el servicio cumple con los requisitos reales del paciente y genera resultados sostenibles.

Un enfoque alineado con las normas internacionales debería integrar, al menos, cuatro dimensiones:

1.     Definición clara de requisitos: recuperación funcional, bienestar integral y sostenibilidad del resultado.

2.     Análisis de causa raíz: aplicación de herramientas propias de la gestión de la calidad para comprender el origen del problema.

3.     Validación de resultados: seguimiento en el tiempo que evidencie mejoras reales y duraderas.

4.     Experiencia del paciente: trato humano, escucha activa y empatía como parte esencial del proceso terapéutico.

Este enfoque es coherente también con la ISO 7101:2023, Organizaciones sanitarias — Sistemas de gestión de la calidad en organizaciones de salud, que refuerza la necesidad de modelos de gestión centrados en el valor para el paciente y en resultados medibles.

Una oportunidad para quienes decidan hacer la diferencia

La realidad del mercado abre una oportunidad clara para aquellos profesionales y centros que decidan avanzar hacia un enfoque más integral. Integrar principios de calidad, evaluación de la conformidad y rehabilitación centrada en la persona permite construir servicios más confiables, con mejores resultados clínicos y una relación más sólida con los pacientes.

En un entorno donde muchos servicios se orientan a soluciones rápidas, quienes apuesten por el análisis profundo, la mejora continua y el acompañamiento integral tendrán una ventaja estratégica. No se trata únicamente de incorporar más tecnología, sino de aplicar criterio profesional, visión sistémica y compromiso real con la recuperación del paciente.



Conclusiones: redefinir la calidad desde la experiencia humana

El Caso Terapia Física es un reflejo de lo que ocurre en múltiples servicios de salud. La calidad no puede limitarse al cumplimiento mínimo ni a la aplicación mecánica de protocolos. Debe evaluarse por su capacidad de mejorar de manera real y sostenible la vida de las personas.

Integrar referencias como ISO 9000:2015, ISO 22956:2021, ISO 7101:2023, junto con el marco de ISO/IEC 17000:2020 e ISO/IEC 17029:2019, permite redefinir los parámetros tradicionales de la atención sanitaria.

Pero es la combinación de rigor técnico con empatía genuina, escucha activa y una visión de bienestar integral del paciente lo que verdaderamente transforma el servicio.

Porque cuando la calidad incorpora humanidad y la evaluación de la conformidad se alinea con el cuidado auténtico, no solo se cumplen requisitos: se redefine la manera en que entendemos la salud, elevando los estándares profesionales y abriendo nuevas oportunidades para quienes decidan hacer la diferencia pensando primero en la persona.

 

César Díaz


jueves, 19 de febrero de 2026

Cinemómetros en Ecuador: medir para prevenir, no para recaudar

 

En un artículo anterior en mi blog: “Metrología legal en Ecuador: cuando medir bien se convierte en política pública”, reflexioné sobre cómo la calidad de las mediciones impacta directamente en la confianza ciudadana y en la gobernanza del país.

👉 https://calidadyactitud.blogspot.com/2025/12/metrologia-legal-en-ecuador-cuando.html

Hoy quiero profundizar en uno de los instrumentos más visibles y también más sensibles, dentro de esa discusión: los cinemómetros, conocidos comúnmente como radares de velocidad.

Antes de cualquier debate técnico, hay algo que debe quedar claro:

El fin de los radares no debe ser sancionar ni recaudar, sino reducir la siniestralidad en las vías.

La medición de velocidad es una herramienta preventiva, orientada a salvar vidas y generar comportamientos responsables en la conducción. Cumplir la ley es fundamental, pero el objetivo nunca debe desviarse hacia fines coercitivos o meramente recaudatorios.

¿Qué es un cinemómetro y por qué importa su medición?

Un cinemómetro es un instrumento que determina la velocidad de un vehículo mediante tecnologías como radar, láser o análisis digital de imágenes. Su función es generar evidencia técnica para apoyar la seguridad vial.

Cuando estos equipos operan con trazabilidad metrológica y bajo criterios técnicos sólidos, se convierten en aliados de la prevención. Cuando no lo hacen, se transforman en fuente de controversia y desconfianza pública.

El marco institucional: entre regulación y metrología

La Agencia Nacional de Tránsito (ANT) es la autoridad responsable de regular y gestionar estos dispositivos. La Resolución 033-DIR-2024-ANT busca ordenar aspectos relacionados con homologación, operación y control.

Sin embargo, más allá de la regulación administrativa, existe una dimensión técnica fundamental: la metrología legal y la infraestructura de la calidad que la respalda.

El Instituto Nacional de Metrología y la política pública necesaria

En cualquier país, la confiabilidad de las mediciones depende del Instituto Nacional de Metrología. En Ecuador, esta función la ejerce el Servicio Ecuatoriano de Normalización (INEN).

Fortalecer al Instituto Nacional de Metrología no es un tema operativo aislado; es una decisión estratégica de política pública.
Sin capacidad metrológica sólida, sin recursos técnicos y sin respaldo institucional, la trazabilidad se debilita y la confianza en las mediciones desaparece.

Gobiernos Autónomos Descentralizados y operación territorial

Los cinemómetros suelen ser instalados por los Gobiernos Autónomos Descentralizados, municipios y administraciones locales responsables del tránsito.

Este esquema solo funciona cuando la operación territorial está respaldada por una infraestructura metrológica nacional coherente, capaz de garantizar mediciones comparables y confiables en todo el país.

Homologar, calibrar y verificar metrológicamente: conceptos que deben entenderse correctamente

Aunque estos conceptos ya han sido desarrollados en artículos anteriores, es necesario volver a explicarlos porque su confusión sigue siendo una de las principales causas de controversia:

·       Homologación
Es el proceso mediante el cual la autoridad competente evalúa y aprueba el modelo del instrumento de medición. Se verifica que el diseño del cinemómetro cumpla requisitos técnicos antes de ser utilizado en vías públicas.

·       Calibración
Es la comparación del instrumento frente a patrones de referencia para determinar cómo mide realmente. La calibración establece la relación entre el valor indicado por el equipo y el valor de referencia, incluyendo la estimación de incertidumbre. Esta actividad debe realizarse en laboratorios competentes bajo criterios de la norma ISO/IEC 17025.

·       Verificación metrológica
Es la confirmación, dentro del marco del control metrológico legal, de que la infraestructura de medición es confiable para fines públicos. No se limita al instrumento visible en la vía; se dirige principalmente a los patrones y a la cadena técnica que utilizan quienes calibran, asegurando la coherencia de toda la cadena de medición.

Aquí aparece un concepto clave: la cadena de trazabilidad metrológica nacional.
Un radar solo puede considerarse confiable si sus calibraciones están conectadas con patrones nacionales y estos, a su vez, con referencias internacionales reconocidas.

La norma ISO/IEC 17025 refuerza esta lógica al exigir competencia técnica, control de equipos, trazabilidad y validez de resultados en los laboratorios.

Cuando homologación, calibración y verificación se confunden, se abre espacio para interpretaciones subjetivas que afectan la legitimidad del sistema. En algunos casos se trata de desconocimiento; en otros, de prácticas deliberadas por parte de empresas que ofrecen calibraciones sin el rigor técnico necesario.



La ética detrás de la medición

Un cinemómetro no es solo un dispositivo electrónico; es un instrumento que influye en la percepción de justicia del sistema vial.

Por ello, la medición debe basarse en principios claros:

·       Independencia técnica.

·       Trazabilidad metrológica demostrable.

·       Competencia conforme a ISO/IEC 17025.

·       Un Instituto Nacional de Metrología fortalecido mediante política pública.

Si la medición pierde legitimidad, la seguridad vial también la pierde.

Más allá del control: medición confiable para una verdadera seguridad vial

El debate sobre radares no debe centrarse en sanciones ni en ingresos económicos.
El verdadero objetivo es reducir accidentes, salvar vidas y mejorar la cultura vial.

La experiencia internacional muestra que los cinemómetros funcionan cuando:

·       La medición es técnicamente incuestionable.

·       Existe coherencia institucional.

·       La cadena de trazabilidad metrológica nacional está fortalecida.

·       El Instituto Nacional de Metrología cuenta con respaldo político y técnico.

Conclusión: medir bien para proteger la vida

Ecuador necesita avanzar hacia un sistema donde la medición de velocidad sea sinónimo de confianza y prevención.

·       La Agencia Nacional de Tránsito regula.

·       Los gobiernos locales operan en territorio.

·       La base técnica debe sostenerse en un Instituto Nacional de Metrología fortalecido y respaldado por una política pública clara.

El objetivo final no debe ser nunca recaudar. Debe ser reducir la siniestralidad, proteger a las personas y construir una cultura vial basada en evidencia técnica.

Porque medir bien no es sancionar mejor,  es proteger mejor.

Para comprender mejor el contexto general de la metrología legal en el país, te invito a revisar también el artículo anterior:
👉 https://calidadyactitud.blogspot.com/2025/12/metrologia-legal-en-ecuador-cuando.html

 

César Díaz

Consultor en Calidad, Estrategia e Innovación

viernes, 13 de febrero de 2026

La calidad también se entrena: lo que un gimnasio debería entender sobre sus clientes antes de perderlos

 

La calidad no es un lujo ni una etiqueta reservada para ciertos sectores; es la forma en que cualquier servicio demuestra si realmente entiende a quienes lo utilizan. Y en un gimnasio, esa comprensión debería ser aún más evidente.

Hoy, más que nunca, los usuarios ya no buscan solo equipos modernos o instalaciones limpias. Buscan bienestar, confianza y una experiencia coherente con lo que se promete. Y cuando esa coherencia se rompe, la pérdida de valor comienza silenciosamente a decaer, incluso en organizaciones que creen estar haciendo las cosas bien.

Como usuario habitual en mi ciudad y profesional vinculado durante años a los conceptos de calidad, inevitablemente observo estos espacios bajo ese prisma. Es parte de mi ADN: analizar la propuesta de valor, contrastar lo que se ofrece con lo que realmente recibe el cliente y preguntarme si el servicio evoluciona o simplemente repite rutinas internas.

La calidad en un gimnasio empieza por entender al cliente

Un gimnasio puede tener las mejores máquinas, una agenda llena de clases y mensajes en sus pantallas, pero si no comprende qué quiere realmente el cliente, todo lo demás se convierte en apariencia.

La calidad en servicios parte de una pregunta esencial: ¿qué necesita hoy el usuario y cómo está cambiando esa necesidad?

En muchos casos, el cliente ya no busca únicamente rendimiento físico. Busca acompañamiento, seguridad, pertenencia y una comunidad que lo motive a volver. Sin embargo, cuando las organizaciones crecen rápidamente, suelen perder contacto con esa voz del cliente y comienzan a operar desde supuestos internos. El resultado es predecible: procesos eficientes hacia adentro, pero desconectados hacia afuera.

Cuando el “low cost” se convierte en excusa

En más de una conversación con responsables del gimnasio, la respuesta ha sido clara: el modelo es “low cost”. Se apoyan en un aplicativo digital y en el saludo del personal en la entrada como evidencia de orientación al cliente. Pero el problema no está en el modelo de negocio; está en cómo se interpreta.

Ser eficiente en costos no debería significar perder conexión humana. Un saludo automático no reemplaza el interés genuino, y una aplicación no sustituye la escucha activa. Cuando pocos colaboradores hacen contacto real con el usuario, el servicio comienza a sentirse distante, aunque las operaciones funcionen correctamente.

El riesgo es evidente: creer que la tecnología o el modelo operativo compensan la ausencia de interacción significativa.

Limpieza no es sinónimo de calidad

En el gimnasio que frecuento existe un énfasis visible en la limpieza y el orden. Eso es positivo y necesario. Nadie cuestiona que un entorno cuidado es parte fundamental del servicio. Pero reducir la calidad a lo que se puede ver es una simplificación peligrosa.

La calidad también está en:

·       cómo el personal se interesa por el progreso del usuario;

·       cómo se reciben las sugerencias;

·       cómo se gestiona la experiencia diaria más allá de la operación básica.

Cuando el cliente siente que nadie escucha, el servicio deja de evolucionar, aunque las instalaciones brillen.

Y aquí aparece una verdad incómoda: muchas organizaciones creen que están orientadas al cliente porque lo dicen en sus mensajes institucionales, pero en la práctica siguen operando desde metodologías internas que ahogan la voz real del usuario.

Cumplir la ley es solo el inicio

Desde el punto de vista regulatorio, los gimnasios tienen responsabilidades claras relacionadas con seguridad, salud y prevención de riesgos. Dependiendo del contexto local, intervienen autoridades municipales, sanitarias y de control que establecen condiciones mínimas para proteger a los usuarios.

Esto incluye aspectos críticos como:

·       condiciones seguras de operación;

·       protocolos ante accidentes;

·       mantenimiento básico de equipos;

·       infraestructura adecuada.

Pero conviene decirlo sin rodeos: cumplir con lo legal no equivale a ofrecer calidad.Es únicamente el piso mínimo sobre el cual debería construirse un servicio verdaderamente diferenciado.

La evaluación de la conformidad que nadie mide: la del usuario

Existe una forma de evaluación permanente que no aparece en auditorías formales ni en reportes internos: la evaluación diaria que realiza el cliente.

Cada entrenamiento es una decisión de continuidad. Cada interacción con el personal es una medición silenciosa del valor entregado.

El usuario evalúa cuando se pregunta:

·       ¿Me escuchan?

·       ¿Se interesan por mi proceso?

·       ¿Hay coherencia entre lo que prometen y lo que hacen?

·       ¿Siento que pertenezco a una comunidad o solo pago una membresía?

Esta evaluación voluntaria es, en esencia, una forma real de evaluación de la conformidad. Si el cliente percibe que el servicio no mejora, la calidad percibida comienza a descender, aunque los indicadores internos digan lo contrario.

Crecer no es lo mismo que mejorar

Uno de los riesgos más comunes en servicios que logran posicionarse es confundir crecimiento con calidad. Más usuarios, más equipos o más presencia en redes sociales pueden crear la ilusión de éxito sostenido.

Sin embargo, cuando la organización deja de cuestionarse y empieza a repetir que “todo está bien”, se vuelve vulnerable.

He visto empresas perder el norte precisamente en ese punto: cuando el discurso de mejora continua se convierte en una frase más dentro de la burocracia interna, mientras los clientes comienzan a sentir que el servicio dejó de evolucionar.

La calidad no se sostiene por inercia. Se sostiene cuando la organización tiene la humildad suficiente para escuchar incluso aquello que incomoda.

Equipos, mantenimiento y responsabilidad con el usuario

El mantenimiento de equipos no es solo una tarea técnica; es un compromiso directo con la seguridad y la confianza del cliente. Máquinas fuera de servicio, fallas repetitivas o señales de desgaste envían un mensaje claro: la experiencia del usuario dejó de ser prioridad. Y en un entorno donde el bienestar y la prevención de lesiones son centrales, este aspecto debería formar parte de una mirada estratégica y no solo operativa.

Comunidad: la oportunidad que muchos gimnasios están perdiendo

Un gimnasio puede convertirse en una comunidad poderosa. Un espacio donde las personas se sientan reconocidas, acompañadas y motivadas. Pero la comunidad no se construye con slogans ni con pantallas que repiten mensajes. Se construye cuando:

·       el personal escucha activamente;

·       los empleados también tienen voz dentro de la organización;

·       se reconoce que la experiencia humana es tan importante como la eficiencia operativa.

Cuando la voz del cliente y del equipo queda enterrada bajo metodologías internas rígidas, la calidad deja de ser vivida y se transforma en discurso.


Mirarse con honestidad antes de perder ventaja estratégica

Hoy muchos gimnasios hablan de mejora continua y muestran iniciativas en sus plataformas digitales. Sin embargo, la verdadera mejora comienza cuando la organización se atreve a cuestionar si realmente está cumpliendo con lo que el cliente espera.

Esto exige algo más profundo que encuestas ocasionales: exige una mirada estratégica capaz de revisar la propuesta de valor y reconocer dónde existen brechas entre intención y realidad.

Tal vez no se trate de aplicar herramientas complejas, sino de construir una reflexión estructurada que permita entender qué tan alineado está el servicio con quienes lo utilizan día a día.

Una exhortación necesaria

La calidad no es un estado permanente; es un proceso vivo que exige escucha constante.

Decir “estamos bien” puede ser el primer paso hacia la pérdida de relevancia cuando el entorno cambia y las expectativas evolucionan. Los gimnasios que comprendan esto tendrán una ventaja estratégica clara: podrán adaptarse antes que los demás.

Escuchar de verdad a los usuarios, escuchar también a los empleados, que muchas veces quedan atrapados entre burocracias y metodologías internas desconectadas de la realidad, porque al final, la calidad no se mide por lo que la organización dice de sí misma, sino por la experiencia que las personas viven cada día dentro del servicio.

Y la calidad, como el entrenamiento, nunca debería darse por terminada.

César Díaz

Consultor en Calidad, Estrategia e Innovación