Hay momentos en los que la calidad deja de ser
un concepto técnico y se convierte en una experiencia profundamente humana. Una
sesión de terapia física después de una cirugía, una caída o una lesión
deportiva nos recuerda que, tarde o temprano, todos somos usuarios de los
servicios de salud. Y es precisamente en ese punto , cuando dejamos de ser
observadores y nos convertimos en pacientes, donde la calidad se pone realmente a prueba.
La ISO 9000:2015, Sistemas de gestión de
la calidad — Fundamentos y vocabulario define la calidad como el “grado
en el que un conjunto de características inherentes de un objeto cumple con los
requisitos”. En los servicios de salud, ese “objeto” es el servicio
prestado, y los requisitos no deberían limitarse a lo técnico o procedimental.
Incluyen la recuperación funcional, la prevención de recaídas, la confianza, la
empatía y la capacidad del sistema para comprender y tratar la causa raíz del
problema que llevó al paciente a buscar atención.
Antes del
servicio: expectativas, promesas y realidad
En los últimos años se ha consolidado un
modelo de centros de rehabilitación vinculados a aseguradoras o esquemas de
atención masiva. Desde una perspectiva operativa, estos centros suelen cumplir
requisitos básicos: instalaciones adecuadas, equipamiento moderno y procesos
eficientes.
Sin embargo, desde la lógica de la evaluación
de la conformidad, definida en la ISO/IEC 17000:2020, Evaluación de la
conformidad — Vocabulario y principios generales como la demostración
de que se cumplen requisitos especificados, surge una pregunta clave:
¿cuáles son realmente los requisitos del paciente?
Aquí cobra especial relevancia la ISO
22956:2021, Informática de la salud — Calidad de la atención en
rehabilitación, que centra su enfoque en la calidad del proceso
rehabilitador y en la continuidad del cuidado. El requisito real no es
únicamente asistir a sesiones programadas; es recuperar la funcionalidad
integral, reducir riesgos futuros y lograr una mejora sostenible en la calidad
de vida.
El
problema: cuando la terapia se vuelve paliativa
La experiencia vivida muestra un patrón que se
repite con frecuencia. El servicio se estructura alrededor de rutinas
estandarizadas: uso intensivo de equipos, tiempos limitados de interacción y
escasa profundización en el origen del problema. El paciente cumple con el
protocolo, pero el análisis de causa raíz, postural, biomecánico o incluso
conductual, queda relegado o simplemente no se realiza.
Desde la perspectiva de la ISO/IEC
17029:2019, Evaluación de la conformidad — Principios generales y requisitos
para organismos que realizan validación y verificación, surge una
reflexión necesaria. ¿Puede afirmarse que existe una rehabilitación de calidad
si no se valida que el tratamiento aborda realmente las causas subyacentes?
Cuando la atención se concentra únicamente en aliviar el síntoma, el resultado
suele ser una mejora temporal, seguida de recaídas o nuevas lesiones.
Este enfoque paliativo no responde
necesariamente a la falta de vocación de los profesionales, sino a modelos
operativos que privilegian la eficiencia inmediata y el volumen de atención por
encima de la recuperación integral del paciente.
Evaluación
de la conformidad aplicada a los servicios de salud
Aplicar evaluación de la conformidad en los
servicios de salud implica elevar el estándar y redefinir la manera en que se
mide la calidad. No basta con verificar que el servicio existe; es necesario
demostrar que el servicio cumple con los requisitos reales del paciente y
genera resultados sostenibles.
Un enfoque alineado con las normas
internacionales debería integrar, al menos, cuatro dimensiones:
1. Definición clara de requisitos:
recuperación funcional, bienestar integral y sostenibilidad del resultado.
2. Análisis de causa raíz:
aplicación de herramientas propias de la gestión de la calidad para comprender
el origen del problema.
3. Validación de resultados:
seguimiento en el tiempo que evidencie mejoras reales y duraderas.
4. Experiencia del paciente: trato
humano, escucha activa y empatía como parte esencial del proceso terapéutico.
Este enfoque es coherente también con la ISO
7101:2023, Organizaciones sanitarias — Sistemas de gestión de la calidad en
organizaciones de salud, que refuerza la necesidad de modelos de
gestión centrados en el valor para el paciente y en resultados medibles.
Una
oportunidad para quienes decidan hacer la diferencia
La realidad del mercado abre una oportunidad
clara para aquellos profesionales y centros que decidan avanzar hacia un
enfoque más integral. Integrar principios de calidad, evaluación de la
conformidad y rehabilitación centrada en la persona permite construir servicios
más confiables, con mejores resultados clínicos y una relación más sólida con
los pacientes.
En un entorno donde muchos servicios se
orientan a soluciones rápidas, quienes apuesten por el análisis profundo, la
mejora continua y el acompañamiento integral tendrán una ventaja estratégica.
No se trata únicamente de incorporar más tecnología, sino de aplicar criterio
profesional, visión sistémica y compromiso real con la recuperación del
paciente.
Conclusiones:
redefinir la calidad desde la experiencia humana
El Caso Terapia Física es un reflejo de
lo que ocurre en múltiples servicios de salud. La calidad no puede limitarse al
cumplimiento mínimo ni a la aplicación mecánica de protocolos. Debe evaluarse
por su capacidad de mejorar de manera real y sostenible la vida de las personas.
Integrar referencias como ISO 9000:2015,
ISO 22956:2021, ISO 7101:2023, junto con el marco de ISO/IEC
17000:2020 e ISO/IEC 17029:2019, permite redefinir los parámetros
tradicionales de la atención sanitaria.
Pero es la combinación de rigor técnico con
empatía genuina, escucha activa y una visión de bienestar integral del paciente
lo que verdaderamente transforma el servicio.
Porque cuando la calidad incorpora humanidad y
la evaluación de la conformidad se alinea con el cuidado auténtico, no solo se
cumplen requisitos: se redefine la manera en que entendemos la salud, elevando
los estándares profesionales y abriendo nuevas oportunidades para quienes
decidan hacer la diferencia pensando primero en la persona.
César Díaz